Serie: Chile y la Evolución del Ecosistema Criminal
Columna 1 de 10 | Etapa I: El deterioro de la convivencia
Richard Biernay Arriagada / Opinión
Durante décadas, Chile fue considerado uno de los países más seguros de América Latina. Sin embargo, el incremento sostenido de las incivilidades, la pérdida del respeto por las normas de convivencia y el deterioro progresivo del espacio público comenzaron a revelar un fenómeno mucho más profundo. Comprender esas primeras señales resulta fundamental para entender cómo una sociedad puede iniciar el camino hacia formas de criminalidad cada vez más complejas.
Santiago, Chile.- Las incivilidades representan aquellas conductas que, sin constituir necesariamente delitos graves, vulneran las reglas básicas que permiten la vida en comunidad. Su efecto no radica únicamente en el daño material que producen, sino en el mensaje que transmiten: las normas pueden incumplirse sin consecuencias. Cuando esa percepción comienza a instalarse, disminuye la capacidad de autorregulación de la sociedad y aumenta la tolerancia frente a comportamientos cada vez más transgresores. Poco a poco, la ciudadanía modifica su conducta, deja de utilizar determinados espacios públicos, reduce su interacción comunitaria y comienza a aceptar el deterioro como parte de la vida cotidiana.
Desde la criminología, distintas investigaciones han sostenido que el deterioro persistente del espacio público puede favorecer procesos de escalamiento delictual cuando no existe una intervención oportuna del Estado y de la comunidad. No se trata de afirmar una relación automática entre una incivilidad y un delito grave, sino de comprender que el abandono sostenido del entorno reduce la cohesión social, debilita la confianza en las instituciones y genera condiciones que pueden ser aprovechadas por organizaciones criminales. En otras palabras, el crimen organizado no necesita crear el desorden; le basta con instalarse donde el desorden ya ha sido aceptado.
Diversas ciudades del mundo han comprendido que recuperar el espacio público constituye una verdadera política de seguridad. La experiencia desarrollada en ciudades como Nueva York durante la década de 1990, así como programas implementados posteriormente en Singapur, Tokio y diversas ciudades europeas, demostró que la intervención temprana sobre el deterioro urbano, la recuperación de espacios públicos, la fiscalización permanente y el fortalecimiento de la convivencia ciudadana contribuyen significativamente a reducir factores de riesgo asociados al desarrollo de fenómenos criminales más complejos.
La cooperación policial internacional también ha permitido observar un patrón común: las organizaciones criminales buscan instalarse preferentemente en territorios donde el control institucional es débil, la autoridad pierde legitimidad y la comunidad comienza a normalizar situaciones de ilegalidad cotidiana. En distintas regiones del mundo, el crimen organizado ha demostrado una enorme capacidad para identificar estos espacios de vulnerabilidad e incorporarlos gradualmente a sus áreas de influencia. La experiencia internacional enseña que la mejor estrategia contra el crimen organizado comienza mucho antes de que aparezca el crimen organizado.
Durante los últimos años, Chile ha observado cómo numerosos espacios públicos comenzaron a deteriorarse simultáneamente con el incremento de otros fenómenos de mayor gravedad. Las incivilidades dejaron de percibirse como simples problemas municipales para transformarse en señales tempranas de procesos más amplios de pérdida de control territorial. Muchos barrios comenzaron a experimentar una disminución del uso legítimo de plazas, parques y espacios comunes. El comercio ambulante ilegal ocupó sectores estratégicos de diversas ciudades. Las denuncias por ruidos molestos, vandalismo y daños aumentaron, mientras la percepción de inseguridad crecía incluso en lugares donde la delincuencia violenta aún era relativamente baja.
La principal lección que ofrece la experiencia chilena es que las incivilidades no deben analizarse de manera aislada. Forman parte de un ecosistema mucho más amplio donde el deterioro de la convivencia facilita posteriormente la aparición de economías ilegales, ocupaciones irregulares, extorsiones, violencia organizada y, finalmente, estructuras criminales capaces de disputar espacios de poder al propio Estado.

El desafío pendiente
Chile ha impulsado importantes iniciativas para fortalecer la seguridad pública, recuperar espacios urbanos y modernizar sus instituciones. Sin embargo, el mayor desafío continúa siendo incorporar una visión verdaderamente preventiva que considere las incivilidades como un problema estratégico y no simplemente como infracciones menores. La seguridad comienza mucho antes de la actuación policial. Comienza en la capacidad de una sociedad para preservar sus normas de convivencia, proteger sus espacios comunes y fortalecer permanentemente la cultura de la legalidad. Ello exige fortalecer el trabajo coordinado entre municipios, policías, establecimientos educacionales, organizaciones sociales y ciudadanía; mejorar los sistemas de fiscalización; recuperar oportunamente los espacios públicos deteriorados; promover una formación ciudadana orientada al respeto de las normas y desarrollar políticas de intervención temprana capaces de actuar antes de que el deterioro evolucione hacia formas de criminalidad mucho más complejas.
Las grandes amenazas rara vez aparecen sin anunciarse, siempre dejan señales. La diferencia entre una sociedad que logra contener el avance del crimen y otra que termina conviviendo con él depende, muchas veces, de su capacidad para reconocer esas señales cuando todavía parecen insignificantes.
Reflexión final
“El crimen organizado no comienza cuando aparecen los sicarios, los grandes traficantes o las organizaciones transnacionales. Comienza mucho antes, cuando una sociedad deja de reaccionar frente a las pequeñas transgresiones que debilitan su convivencia. Allí, en las incivilidades que muchos consideran irrelevantes, suele encontrarse el primer peldaño de un ecosistema criminal que, si no se enfrenta a tiempo, termina disputando al Estado el control de sus propios territorios”.

Richard Biernay Arriagada / Consultor Senior
Articulista invitado / Especialista en Seguridad Pública y Gobernanza territorial
Es Ingeniero Civil Industrial, Relacionador Público, Magíster en Didáctica para la Educación Superior y Oficial Superior en retiro de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI). Fue Jefe de Interpol Chile, Jefe del Laboratorio de Criminalística Central, Jefe de la Prefectura Colchagua y Cardenal Caro y Agregado Policial de Chile en Emiratos Árabes Unidos. Fue Premio Nacional de Relaciones Públicas de Chile 2021, actualmente se desempeña como consultor senior y académico en materias de seguridad, comunicación estratégica y gobernanza institucional. Correo: biernay@gmail.com



