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“Sólo éramos dos civiles con tecnología, tratando de rescatar”

*Rosa María Salas Ascención

Alejandra Vera y Rubí Vieyra, ingenieras de profesión y encargadas de las áreas de equipos especiales y georadares y geotecnia de la empresa Rocher Ingeniería, no son rescatistas; sin embargo, el 20 de septiembre de 2017 —un día después del sismo que azotó a la Ciudad de México— se abrieron paso entre los escombros.

En medio de voces de mandos militares y de expertos en rescate, aplicaron su tecnología de radares en zonas críticas como el Colegio Rébsamen, en el sur de la ciudad, y Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma. Aún con sentimientos encontrados y conmovidas por una de las situaciones de emergencia más críticas después del temblor de 1985, hablan con Más Seguridad sobre el potencial que tiene la tecnología de georadares para el sector de rescate y de su experiencia vivida a más de dos años de la tragedia, una historia que hoy 8 de marzo, en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, merece ser contada.

Desorden y miedo

Ambas se dirigieron a los puntos torales de los derrumbes en la Ciudad de México y sin haber utilizado antes la tecnología para funciones de rescate, asumieron su papel de salvamento en un ambiente plagado de desorden, miedo y conmoción por la tragedia.

“Estábamos en capacitación en Puebla, lugar donde fue el epicentro del temblor, y nos enteramos que en la Ciudad de México se habían caído edificios. De todos los equipos que manejamos vimos uno de radares que nos podía servir. Ya habíamos identificado que este equipo, que se usa para forense y arqueología, se podía utilizar para rescate”, indica Alejandra Vera.

El primer punto al que llegaron fue el conjunto habitacional Girasoles Coapa, ubicado en calle Rancho Los Arcos. Había descoordinación entre las autoridades que tomaron el control del lugar, pero fue la Marina quien les dio el acceso.

“Vimos el edificio caído y empezamos a operar, en el momento en que se tenía que retirar el escombro, se tiran unas líneas en X y Y, y es cuando encontramos una onda muy diferente a la que estábamos acostumbradas a identificar”, señala Rubí Vieyra.

El georadar, explica Alejandra Vera, hace una radiografía del suelo, da el antes de las perforaciones en tiempo real y brinda una propuesta del mejor lugar para excavar. Trabaja con ondas electromagnéticas y éstas se emiten una vez que se identifica una capa distinta de suelo, la velocidad con la que se presentan depende de los distintos materiales localizados. Para cada material y para cada tipo de suelo hay una onda característica, en cuanto cambia el material cambia la forma en que está distribuida la imagen.

Toman rumbos diferentes

Ante la necesidad atender lo más pronto posible la emergencia, las ingenieras se separaron: una de ellas fue enviada al Colegio Rébsamen y la otra a Álvaro Obregón 286.

En el primer sitio, debido a la situación mediática que se vivió, no se pudo registrar evidencia de las ondas identificadas. Para ingresar a esta zona y hacer la radiografía, se tuvo que desarmar el georadar y con una línea de vida —que es un sistema de protección contra caídas diseñado como restricción, que evita que se llegue a una zona con riesgo de caída, y de anticaídas, que detiene con seguridad a uno o varios usuarios si se produce un desplome— entró primero Rubí Vieyra. No obstante, ante los nervios generados por la situación vino el apoyo de Alejandra Vera.

“Corríamos todos los riesgos, tanto de nuestra vida como de la tecnología, pero aun así cooperamos mucho. Los del Ejército y demás autoridades nos querían ´comer´. En Rébsamen entré bajo tres lozas en un espacio reducido de 50cms., me arrastré con los codos, empezó a tronar la estructura y con la línea de vida me jalaban, un topo que iba delante de mí me dijo: ´en cuanto sientan algo, te van a jalar´. Como ingeniero te ganan los nervios, nosotros no nos dedicamos a esto, no hubo el tiempo de la preparación psicológica de salvar vidas”, expresa Rubí Vieyra.

En el segundo punto, se concentraron todas las fuerzas armadas y se implementó un operativo de seguridad impresionante. Lo anterior, aunado a la presencia de especialistas de Israel, España y Japón. “En cuanto llegaron los israelitas nadie podía tocar nada, el argumento era que tenían mejor tecnología, una desventaja que teníamos nosotras era que no es un equipo muy conocido, no sabían lo que podía hacer. El primer día que llegamos ya tenían identificados cuatro cuerpos, pero no me dijeron y lo hicieron con el propósito de que yo les demostrará si efectivamente podía identificarlos”, apunta Alejandra Vera.

En este edificio de oficinas, la encargada de Rocher Ingeniería pasó el radar alrededor de lo que era la estructura, en donde ubicó muchos cuerpos a simple vista: “Tenía que haber mucha fortaleza psicológica porque no te podías doblar. Soy líder en este equipo y debo calmarlos para poder ayudar y no estorbar. Los españoles me dieron un curso exprés de cómo manejar arneses, las líneas de vida, a dónde correr y dirigirme, en todo momento me sentí muy segura. Me dieron los planos y las rutas de emergencia, me hablaron claro, eso me abrió el panorama”, asegura Alejandra.

“Te salta el ingeniero que llevas dentro”

Respecto a cómo pudieron separar la parte humana para concentrarse en el rescate, Vera añade: “Te salta el ingeniero que llevas dentro, es una situación difícil, tienes que hacer la parte humana a un lado, vas a ayudar o vas a estorbar, te tienes que poner en un aspecto frío para poder tomar las mejores decisiones. Primero analizas si es segura la zona donde vas a entrar para no arriesgarte ni arriesgar a otras personas”.

Factores como el clima y la presencia de diversos mandos militares jugaron en contra para agilizar las labores de rescate. “En Álvaro Obregón 286 fue un escenario complicado. Todos querían ayudar y mandar, era una estructura muy complicada en cuanto a rescate por la forma en que colapsó, por la cantidad de rescatistas y por el número de personas que quedaron atrapadas. Si hubiéramos llegado desde que se cayó hubiéramos rescatado sobrevivientes”, se lamenta Alejandra Vera.

Actualmente, las especialistas de Rocher Ingeniería continúan con su labor de investigación y exploración con la tecnología de radares. Sólo Alejandra ha ido a cursos de evaluación de estructuras y de rescate; Rubí ha seguido más de cerca el tema de sismicidad para conocer sobre los movimientos de la tierra y ver los alcances de la tecnología en otros países.

“Si volviera a ocurrir una situación como esa y se tiene la tecnología, ahí vamos a estar. El 19 de septiembre marcó nuestras vidas tanto profesional como personalmente, y agradecemos a la empresa que nos haya puesto en ese lugar. Fue tanto la desorganización que la gente creyó mal del Ejército, en Rébsamen pusieron una línea de agua a una niña que no existía, hubo muchos conflictos de intereses o de organización, pero Rocher Ingeniería lo hizo sin ningún interés económico, ni político, actuamos con la tecnología que teníamos a mano”, concluyen.

El georadar en operación; hace una radiografía del suelo y emite ondas electromagnéticas para identificar superficies irregulares.






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