- El Plan México busca atraer hasta 100 mil millones de dólares anuales de inversión extranjera directa.
- “La seguridad es un habilitador de inversión”, advierte la consultora internacional Gigi Agassini.
La oportunidad económica que representa el nearshoring para México no llegará sola. Traer inversión, desarrollar parques industriales y fortalecer cadenas globales de suministro requiere de una arquitectura de protección mucho más sofisticada que la que el país conoció durante décadas, según la lectura de Gigi Agassini, consultora especializada en seguridad, gestión de riesgos, privacidad, Inteligencia Artificial y gobernanza tecnológica
El Plan México es uno de los movimientos económicos más ambiciosos de los últimos años. Presentado en enero de 2025, contempla atraer hasta 100 mil millones de dólares anuales en inversión extranjera directa, una cartera privada de 270 mil millones de dólares y el desarrollo de 15 polos económicos con metas de inversión superiores al 25% del PIB desde 2026. Para Agassini, el verdadero reto comienza justo después del anuncio.
“México tiene una oportunidad histórica con el nearshoring, pero esta oportunidad debe gestionarse con una visión holística de riesgo”, sostiene.
Su diagnóstico parte de lo que ya viven corredores industriales del norte y el Bajío de México, donde fabricantes globales, operadores logísticos, telecomunicaciones, centros de datos y proveedores tecnológicos conviven dentro del mismo flujo operativo.
“El reto es cuidar el ecosistema completo”, afirma. “Una interrupción logística puede venir de un robo físico, pero también de una falla digital, de una vulnerabilidad de un proveedor o de la manipulación de datos”.
La especialista lleva más de dos décadas hablando de convergencia, aunque reconoce que el mercado apenas comienza a entender la dimensión del cambio. En sectores industriales, una sola interrupción puede detener líneas de producción, afectar exportaciones y comprometer contratos multimillonarios. La seguridad, explica, ya no es un departamento aislado e influye directamente en la competitividad.
Ese mismo fenómeno ya impacta otra capa crítica del negocio como lo es la identidad digital. Banca, fintech, aseguradoras, comercio electrónico e incluso servicios públicos avanzan hacia modelos remotos de autenticación apoyados en biometría, validación documental y prueba de vida. La experta insiste en mirar el costo de una mala implementación: “La biometría no es una contraseña que puedas cambiar si se compromete. No puedes cambiarte el rostro, el iris o la huella digital”, advierte.
Cada vez más organizaciones están recolectando datos sensibles mientras el ciudadano sigue entregando información sin claridad sobre su uso, almacenamiento o tiempo de conservación. Para la consultora, el problema no es tecnológico, sino cultural.
“Recolectan tu información y muchas veces nadie te explica quién va a tener acceso, cuánto tiempo la van a guardar o qué va a pasar si existe una vulneración”.
Por ello insiste en que las empresas mexicanas deben ir más allá del cumplimiento regulatorio: “Cumplir la ley no es suficiente; se necesita una gobernanza demostrable”. Recomienda estándares como ISO 27001, ISO 27701 y NIST 2.0, además de cifrado, trazabilidad y destrucción segura de datos. “Guardar información que ya no usas aumenta tu riesgo”.
La conversación también se extiende a ciudades inteligentes, comercio híbrido y centros de monitoreo. México ha invertido durante años en videovigilancia, sensores y analítica, pero Gigi Agassini considera que el verdadero valor está en la capacidad de interpretar información en tiempo real y actuar antes de que ocurra un incidente.
“El valor no está en tener más cámaras. El valor está en producir mejores decisiones”, resume.
Algo similar ocurre en el retail, donde el crecimiento simultáneo de tiendas físicas y plataformas digitales abrió nuevas ventanas para fraude, suplantación de identidad, spoofing y abuso de promociones. En ese escenario, explica, la prevención ya no puede limitarse a sensores en anaqueles o vigilancia física: “El comercio híbrido también genera un riesgo híbrido”.
Advierte sobre el riesgo de que algunas marcas utilicen el discurso ambiental como estrategia comercial sin respaldo técnico: “Una solución sostenible debe demostrar eficiencia energética, vida útil, menor mantenimiento y reducción real de residuos electrónicos”.
Gigi Agassini es una de las voces femeninas más visibles en una industria históricamente dominada por perfiles masculinos: “La seguridad y la tecnología necesitan más mujeres, no por cuotas simbólicas, sino por pensamiento crítico, ética y capacidad de conectar tecnología con impacto humano”.




