- Los estándares técnicos y de seguridad impulsan el nearshoring y habilitan el comercio exterior.
- Las especificaciones técnicas y las medidas no arancelarias están presentes en el 90% del comercio mundial.
Recientemente, el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE) organizó el foro “T-MEC y Asia-Pacífico: La Nueva Arquitectura del Comercio Global”.
Diana Rico, gerente regional de Estándares de UL Standards & Engagement, participó como ponente en la conferencia y destacó el papel de los estándares internacionales para acceder a nuevos mercados, generar confianza y fortalecer las cadenas globales de suministro.
“Los estándares son la infraestructura invisible del comercio global; rara vez se notan cuando funcionan correctamente, pero su ausencia se vuelve evidente de inmediato a través de riesgos para la seguridad, pérdida de vidas y daños a la infraestructura”, afirmó Rico.
“Esta infraestructura invisible actúa como la verdadera moneda de confianza que abre fronteras comerciales”, señaló Rico. “Los estándares técnicos deben dejar de percibirse como una barrera burocrática y convertirse en un pilar esencial de certidumbre técnica, así como en un habilitador clave para atraer capital”.
En la renovada arquitectura del comercio internacional de México, impulsada por la evolución del T-MEC y el dinamismo de otras regiones como Asia-Pacífico y Europa, la seguridad y el cumplimiento regulatorio son factores críticos para la competitividad de las empresas que fabrican y exportan a los mercados globales.
De acuerdo con el Banco Mundial, las especificaciones técnicas y las medidas no arancelarias afectan actualmente al 90% del comercio global, un incremento exponencial frente al 15% registrado a finales de la década de 1990, lo que demuestra que, sin marcos de trabajo técnico compartidos, los mercados internacionales simplemente permanecerían cerrados.
De los productos cotidianos a las cadenas globales de suministro: la moneda de confianza
El impacto de los estándares de seguridad se percibe en todo el entorno empresarial: desde componentes de uso cotidiano, como cargadores de celular que ayudan a prevenir cortocircuitos e incendios en el hogar, hasta especificaciones de ciberseguridad industrial y redes de energía renovable.
Para que los componentes y productos fabricados en México puedan exportarse, deben cumplir con una serie de estándares de seguridad y de calidad desarrollados y acordados por paneles de expertos técnicos internacionales, conforme a los principios de la Organización Mundial del Comercio (OMC). De lo contrario, su alcance comercial queda limitado al mercado interno.
“Los estándares internacionales son habilitadores del comercio, pues permiten que el comercio global fluya, que la tecnología avance de manera responsable y que los usuarios confíen en los productos que utilizan sin tener que pensar en su seguridad”, señaló Rico. “En un mundo de innovación acelerada, los estándares son el ancla de certidumbre que permite crecer sin poner en riesgo a las personas.”
El costo de la falta de seguridad
El valor de los estándares se hizo evidente ante el auge de la movilidad eléctrica y el desafío que representan las baterías de ion de litio no reguladas.
Tras registrarse riesgos e incidentes graves, la adopción obligatoria de estándares globales de seguridad como el UL 2272 en metrópolis comerciales clave como la ciudad de Nueva York, contribuyó de manera drástica a mitigar el riesgo, al reducir las muertes relacionadas con incendios, pasando de 18 víctimas en 2023 a solo una para finales de 2025.
“Para las industrias en México que participan en la reconfiguración del comercio exterior, fortalecer las regulaciones técnicas obligatorias y estrictas no es un accesorio logístico”, señaló Rico. “Los estándares ayudan a convertir tecnologías de vanguardia en activos comerciales estables, operativamente viables y rentables”.



